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  W A N T A K W A
  TRAYECTORIA
 

     

  Pablo García


≈  T R A Y E C T O R I A 


Maestro antropólogo mexicano (1950), “chilango” para más señas, de ascendientes oriundos del oriente michoacano. Criado en la Verónica Anzurez, colonia de clase media que imitaba en pequeño la pretenciosa Polanco, fue llevado por su familia a vivir al barrio de La Conchita de la otrora villa de Coyoacán donde cumplió sus siete años de vida. De ambiente muy diferente, el coyoacanense tenía aún las huellas difusas del ambiente pueblerino de otrora. Allí pasó su infancia, adolescencia y primera juventud; allí hizo sus estudios, se casó y terminó su investigación de tesis. Bautizado y educado católico, su cultura fue esencialmente cristiana tal como le fue transmitida por sus mayores pueblerinos apegados al absorbente catolicismo del oriente michoacano.

     Supo del movimiento cristero por boca de su madre y abuelas, muchos años antes de que Jean Meyer se los descubriera a los urbanitas clase medieros de la ciudad de México. Eso y la vivencia del movimiento estudiantil en 1968 siendo preparatoriano universitario sellaron su visión del mundo y su posición política. 

Como consecuencia, su interés se volcó hacia las humanidades llevándolo a estudiar simultáneamente historia en la Universidad Nacional Autónoma de México y antropología en la Escuela Nacional de Antropología donde se graduó en 1975 como etnólogo con una tesis sobre el conflicto agrario religioso en la sierra de Michoacán durante la primera mitad del siglo xx. Tras esa tesis estuvo precisamente la formación católica y política que le precedió, pero también sus primeras experiencias de campo como ayudante asalariado de un proyecto de Fernando Cámara Barbachano en el Instituto Nacional de Antropología e Historia. En dicho proyecto abocado a estudiar los santuarios y las peregrinaciones religiosas del centro de México, tuvo oportunidad de conocer los sistemas campesinos de cargos y servicios religiosos despertando vivamente su curiosidad por la etnografía religiosa y la religión popular. Su experiencia más importante al respecto fue su breve visita al pueblo de Iztapalapa en la cuenca de México donde encontró una compleja organización religiosa de sus barrios agrupados en dos medios pueblos. A ello se sumó la inquietud política de los años setenta en el medio antropológico por la cuestión agraria, avivada por las secuelas del año 68. Religión y agrarismo fueron asociados así en una tesis que no pudo escapar a los antecedentes biográficos y familiares del autor, como al ambiente intelectual y político de la época. El trabajo de campo de dicha tesis lo emprendió a los 22 años y lo hizo recién casado con una pasante de antropología que dedicó su tesis al jornalerismo agrícola.

     La tesis, tal como quedó, fue el testimonio personal de un joven antropólogo sobre lo que encontró y aprendió sobre el tema. También fue el inicio de una largísima indagación que se prolongó por muchos años más, debido a la obsesión de su autor por comprender el pasado del poblado donde estuvo. Ello lo llevó a descubrir la existencia de la república de naturales purépechas de San Antonio Charápani y cómo la historia posterior a su desarrollo fue la historia de cómo dejó de ser una de las repúblicas importantes de la sierra de Michoacán, para convertirse en sede de un poblado poliétnico transculturador.

     En el ínterin, emprendió una investigación sobre la interrelación entre los pueblos del área de Chalco Amecameca y su medio natural en el suroeste de la cuenca de México, interesado en el campo de los estudios antropológicos sobre la sociedad y la naturaleza.  Por un tiempo, promovió el campo de la historia de la antropología en México colaborando en la compilación de una antología y dirigiendo la elaboración de una obra colectiva sobre la historia de la antropología en México.

     Finalmente, tomó la decisión de regresar a los estudios purepechológicos debido a la imposibilidad de atender varias trincheras de estudio en el corto periodo de una vida y la consecuente necesidad de concentrar sus fuerzas en un campo específico donde pudiera hacer algún aporte. Con todo, como a muchos antropólogos y antropólogas, la dispersión de inquietudes e intereses sigue ocupando algo de su tiempo.



Moro ingresando al atrio parroquial de Charapan, Mich. (1974)


 
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